NUEVA REALEZA COLIMOTA

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Pedro Castellanos

Los presuntuosos Yáñez Centeno y Cabrera nunca vinieron a menos porque nunca llegaron a más. En los últimos cuarenta años sobrevivieron gracias a quien fuera su hermano político, el muy generoso con ellos Porfirio Muñoz Ledo. Ahora se han ganado el premio mayor de la lotería nacional con su miembro más conspicuo, César “El Fifí” a quien ya ven instalado en 2021 en Casa de Gobierno y Complejo Administrativo. Como la gubernatura de Colima vale la pena, los dos bandos de los Yáñez Centeno y Cabrera que trenzados han estado por la rebatiña de la herencia del fundador de la dinastía, guardaron ya sus fierros para no pelear por minucias cuando frente a ellos tienen a su alcance el poder político estatal que solamente les podrá disputar Mario Delegado Carrillo, nadie más.

Todo iba viento en popa para el marquesillo César Yáñez Centeno y Cabrera hasta que la cagó en grande con la muy publicitada celebración de su tercer matrimonio al hilo que evidenció en vivo y a todo color las contradicciones entre el discurso de su Mesías, Andrés Manuel López Obrador, y el amor por la ostentación y el despilfarro que tanto condenaron en los integrantes de la “mafia en el poder” al más puro estilo bíblico de ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio.

Da en el blanco José A. Márquez Gileta cuando opina sobre la tan sonada boda imperial que debió haber sido un evento privado y no público y político como deliberadamente lo planeó y llevo a cabo el dizque “Ángel de la Guarda” de AMLO, César Yáñez Centeno y Cabrera: “A mí me vale su pinche vida, pero llamaron a la prensa, a la televisión, etc. y nos dijeron: miren pinches pobres, nosotros sí tenemos lana, nosotros somos de primera, de otra clase, y podemos gastar millones en un evento que podía ser simple, privado y sencillo. A mí me vale lo que hagan de su pinche vida, pero fueron ellos mismos los que pagaron y mandaron traer a las revistas que reseñan bodas de reyes (como Hola) para darnos a conocer que ellos son mexicanos de sangre azul, como todos los que engalanan su revista. Por mí, me hubiera gustado no enterarme nunca”. ¿Así o más claro, chairos colimensos?

Este columnista coincide con la apreciación que hace Márquez Gilieta de que “quienes partidizaron dicha boda no fueron las redes, ni los ciudadanos que ahora estamos vigilando que los políticos cumplan lo que dicen, sino ellos mismos, que siendo de un partido que acaba de ganar el poder lo publicitaron hasta el cansancio. Yo no pedí saber que los Ángeles Azules cobraron medio millón por su presentación en esa boda y otro tanto Matute y Paco de María”.
“Si votamos por AMLO fue porque él nos prometió acabar con la ostentación y el atropello de los fifís; eso nos prometía y siempre los criticó, yo lo oí. Tú no lo oíste criticar a los fifís ? Entonces, pedimos congruencia de todos los políticos, no nomás del PRIAN, también de morena que se fijen muy bien lo que nos presumen, pues los estamos observando”, remata con claridad y precisión José A. Márquez Gileta para que los recalcitrantes chairos que todo le justifican a su pastor entren en razón, lo cual equivale a extraerle agua a la Piedra Lisa.

El grave error de cálculo cometido por César Yáñez Centeno y Cabrera no solamente le ha hecho perder a él bonos con su amado Mesías, sino que también se está llevando en su caída a su también protagónica hermana Claudia Valeria. Si él y ella no se reponen pronto de la exhibida que se han dado y le han dado a la austeridad republicana, a la justa medianía, tan predicada por Andrés Manuel López Obrador, para la nueva realeza colimota de los Yáñez Centeno y Cabrera la “boda del año”, como la calificó uno de sus vástagos, será debut y despedida.

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