COLIMA SE INVOLUCRA EN LA REVOLUCIÓN DE AYUTLA

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VISLUMBRES

Abelardo Ahumada

La semana pasada les comenté que el 29 de julio de 1855 (otros historiadores dicen que el 30), entraron a Colima las fuerzas conjuntas de los generales Ignacio Comonfort y Santos Degollado, para tomar la plaza e instalar en el Territorio un jefe político del bando contrario al dictador Santa Anna, y que la designación recayó en el Comandante Retirado Manuel Álvarez Zamora, a quien en día 3 de agosto (hace 163 años) le fue asignado el rango de “General de Brigada del Ejército Nacional”, que en ese caso correspondía al ejército popular que peleó durante la Revolución de Ayutla.

Hoy quiero abundar un poco más sobre lo que ocurrió en Colima y en México durante la primera quincena de agosto de ese mismo año, señalando en primer término que Comonfort quiso dar unos días de descanso a su ejército, y continuando con que, en el ínterin, nombró a su Comisario de Guerra, don Ricardo Palacio, hombre de sus más enteras confianzas, como administrador de la aduana del puerto de Manzanillo, abierto ya al comercio exterior. Ordenándole que le rindiera cuentas directas a él, y le remitiera los recursos pecuniarios que por la aduana fueran ingresando.

Otro detalle que no debemos pasar por alto es que, en el mismo decreto por el que Comonfort nombró a Manuel Álvarez como Jefe Político del Territorio, designó también una “Junta Constituyente” encabezada por Ramón de la Vega, quien dos años más tarde se habría de convertir en el presidente de la Primera Legislatura Estatal.

Complementando esto último, debe mencionarse que la segunda persona que firmó el mencionado decreto fue el Lic. Pedro Ogazón, futuro gobernador de Jalisco e influyente actor en los sucesos políticos que no tardarían en acontecer incluso en Colima. Decreto que Comonfort decidió publicar en un periodiquito que haría las veces de Diario Oficial, pero que llevó el nombre de La Luz de la Libertad.

En esos mismos días, y después de año y medio de haber sido promulgado el Plan de Ayutla, el movimiento revolucionario había cundido “por diversos rumbos del territorio nacional”, logrando que Santa Anna ya no se sintiera seguro en la presidencia y prefiriera huir de México antes de que se le cerrara toda posibilidad de hacerlo. Huida que verificó saliendo de la capital el 9 de agosto, fecha en que Comonfort seguía estando en Colima.  (Continuará).

LA VECINA POBLACIÓN. –

Hace poco más de medio mes, me tocó participar, junto con Manuel Hernández Luna (director del Ballet Folklórico de Villa de Álvarez), y Carlos Hugo Gutiérrez Lozano (presidente del grupo cultural más activo en este momento en “La Capital Mundial de los Sopitos”), en la presentación y comentarios de un libro muy singular, que lleva el título de “La Vecina Población”, de la autoría de Rogelio Centeno Dueñas, que con éste ya suma dos gruesos volúmenes en que muy puntualmente documenta numerosos e interesantes detalles sobre acontecimientos no muy remotos, que ocurrieron en la que, insisto, debería ser denominada Ciudad Álvarez, puesto que la categoría de Villa, que inexplicablemente se mantuvo en el decreto que para esos efectos se publicó, alude a una población menor.

Pero, en fin, yéndonos más allá de esas minucias, debo precisar que, en su primer libro (Tradición Villalvarense, 1943-2015), Centeno Dueñas se dedicó a reseñar, con abundantísimas pruebas documentales que incluyen programas de mano, carteles y fotografías, casi todo lo relacionado con “El Arte Taurino” a lo largo de los años que ahí se señalan, pero concretándose de manera muy enfática en las famosas corridas formales que han ocurrido en la antigua Plaza de Toros de Villa de Álvarez, hoy mejor conocida como “La Petatera”.

Al preguntarle cómo fue que se decidió a procesar ese libro, respondió más o menos así: “Mientras estaba yo trabajando aquel primer libro, revisé casi todos los periódicos locales que (de aquellos años) hoy  están resguardados en la Hemeroteca de la Universidad. Y conforme iba buscando los datos netamente taurinos, me fui dando cuenta que casi todos los sábados, en el Ecos de la Costa, que era semanal entonces, aparecían algunas pequeñas notas relativas a las personas y los sucesos acaecidos en Villa de Álvarez, y que, al estar publicados en un periódico capitalino, muy frecuentemente aludían a ella como ‘la vecina población’.

Notas generalmente muy breves, que aparecían rubricadas por ‘El Corresponsal’, sin que se mencionara quién pudiera ser éste. Notas sencillas que igual hablaban de corridas de toros y elecciones locales, que de matrimonios recién contraídos, asesinatos recientes, idas de paisanos a Guadalajara o a México, lo mismo que fiestas parroquiales, onomásticos, defunciones y aún bautizos. Notas que por ser yo de La Villa, y tratándose de muchos conocidos, particularmente me llamaban la atención… Fui entonces registrando algunas de ellas, y hubo un momento en que me sorprendí aún más, porque el referido ‘Corresponsal’ tuvo la feliz ocurrencia de publicar la noticia de mi nacimiento… Y entonces fue cuando me surgió la idea de que, cuando volviera a tener tiempo y ganas, me dedicaría a recopilar todas las notas que se hubiesen publicado en los diarios locales sobre mi pueblo, para darlos a conocer a mis paisanos como una curiosidad, y para legar algo de mi propio esfuerzo a todos ellos… Así comenzó a nacer este libro y, luego, ya picado por la curiosidad, decidí visitar el archivo parroquial de San Francisco de Asís, para revisar las ‘fes de bautismo’ que pudiese hallar de los años correspondientes, y lo mismo hice con las actas del registro civil de mi municipio, resumiendo una buena parte de ellas, para ponérselas también al alcance, y en panorama, a las personas que decidieran después leer este libro”.

En cuanto a mi apreciación personal, considero que Rogelio Centeno Dueñas se voló la barda con ese volumen de 604 páginas y letra muy apretada, en el que logró consignar creo que casi todo lo que se publicó sobre La Villa y su gente durante los 30 años que corrieron de 1930 a 1960, pero enriqueciendo esa información con algunas otras noticias de alcance regional y/o nacional, cuya inserción posibilita a los lectores entender mejor el ambiente en que se fueron dando los hechos.

No es un libro que se pueda leer, como otros, “de un sentón”, o “de corridito”, porque se necesitan varias horas para leerlo, pero tiene la gran ventaja de que, siendo una recopilación noticiosa que básicamente recolectó todas las notas sabatinas, uno puede ir leyendo semana por semana, mientras que la imaginación va proporcionando el complemento necesario para ver cómo se iban desarrollando los hechos como capítulos de una radionovela. Una lectura que haya sido pensada en los paisanos de La Villa, puede, muy bien, servir y entretener a los lectores de todo el estado y aún la región, porque, como ya expuse, va contextualizando los hechos locales, con otros estatales y/o nacionales.

Un aplauso de mi parte a Rogelio Centeno Dueñas.

ESCAPE EN EL CAMINO REAL. –

Ya que hablamos de libros, permítanme los lectores comentar que el 27 de junio anterior, mi buen amigo, ingeniero Arturo Navarro Íñiguez, ex presidente de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, y actual cronista de Quesería, Col., junto con quien esto escribe, presentamos dos libros muy breves relacionados con la historia local: La obra del ingeniero Navarro lleva por título Apuntes sobre el Camino Real de Colima y algo más, y la que yo escribí se titula Escape en el Camino Real. El de él es un ensayo histórico sobre aquella famosa y muy antigua ruta; el mío es una novela corta ambientada en el tercer cuarto del siglo XIX, cuando todo el movimiento de carga y transporte desde Colima o hacia Colima se hacía a lomo de bestia, y sólo en algunos tramos en pesadas carretas.

En su ensayo, el autor da fe del desarrollo de la mencionada rúa desde que ésta era una muy transitada vereda ancestral; del tiempo en que fue convertida en camino de herradura y de muy interesantes eventos que ocurrieron a lo largo de sus muchas leguas, así como de los personajes históricos que andando el tiempo tuvieron necesidad u oportunidad de transitar por las peligrosas barrancas, a lo largo de casi cuatro siglos completos.

Y por lo que concierne a mi pequeña novela, ésta inicia dos meses después de que falleció don Benito Juárez, tiene como principal protagonista a un comerciante de telas, oriundo de Jerez, Zacatecas, quien, no habiendo conocido jamás el mar, pero habiendo escuchado mil cosas de su impresionante belleza, deja, antes de casarse, su árida tierra para ir primero a Guadalajara, después hasta Zapotlán y por último hasta Cuyutlán, todo a lomo de mula, enfrentando arrieros muy mal hablados, y padeciendo junto con ellos un secuestro a manos de una banda de salteadores que merodeaba en las faldas del Volcán de Colima, salvándose de milagro.

Obras de tiraje muy limitado que, como la de Rogelio Centeno tuvieron que ser sufragadas por los autores, debido a que los directivos de las instituciones gubernamentales que podrían publicarlas, ya tienen varios años diciendo “no hay, no hay”, sobre todo para sus autores que mantienen una posición crítica ante los gobiernos en turno. Obras, en fin, que casi sólo pueden ser pedidas por teléfono a los respectivos autores.

OTRO “AÑO DE HIDALGO”. –

Pasando a otros asuntos menos literarios pero más “encabronantes”, resulta que, mientras estábamos casi todos los mexicanos atentos a los argüendes mediáticos que se iban difundiendo durante las pasadas campañas electorales, el equipo de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, logró convertir el 2018 en su propio “Año de Hidalgo”, maniobrando de tal modo que, “dos semanas antes de la elección presidencial, sin hacerlo público, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) aumentó los salarios de la alta burocracia federal, con efecto retroactivo a enero, desde el Presidente hasta el personal de enlace, que en total suma 317 mil funcionarios” (La Jornada, 18 de julio de 2018).

Yo leí la noticia ese día y supuse que habría de causar un enojo generalizado, sobre todo entre quienes sufragaron por Andrés Manuel López Obrador; pero viendo que pasaban muchos días sin que prácticamente nadie le diera vuelo, ni comentara al respecto, entiendo que pasó desapercibida, tal vez porque en ese momento no habíamos salido aún de las numerosas sorpresas que nos provocó la elección del primero de julio.

Así, pues, estando ya todos en plena campaña electoral, y sabiendo seguramente el gobierno que no iban a ganar ni su candidato presidencial, ni sus candidatos a gobernadores, diputados federales y senadores, los señores del gran gabinete decidieron avalar la propuesta presidencial y, calladita la boca, promovieron el incremento dicho “sin explicar el impacto en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2018 aprobado por el Congreso… La autorización entró en vigor a partir de la segunda quincena de junio y varios funcionarios del gobierno federal confirmaron que en ese momento les entregaron el pago retroactivo, que apareció en sus recibos de nómina”. Todo esto mientras que el Ciudadano Meade, factor inicial de aquel presupuesto, iba precipitándose al abismo electoral.

Los “pobres angelitos”, pues, 317 mil en total, no sólo recibieron un jugosísimo aumento que les promovió su jefe máximo, sino que se los entregaron en pago retroactivo hasta enero. Y es que tenían que “blindar su economía”, a sabiendas de que a partir del próximo 1° de diciembre, para no pocos de ellos iniciarán seis “años de vacas flacas”. ¿Cuánto se llevaron en total, que ni siquiera estaba presupuestado? AMLO y su gente tendrían que cotejar los préstamos más recientes que contrató el gobierno de EPN, y para buscar el modo de invalidar semejante abuso, pero, ¿lo harán? Tengo la idea de que, emocionados como estaban por su triunfo, ni siquiera se enteraron de ese aumento.

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