Los universitarios y las elecciones

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PARACAÍDAS
Rogelio Guedea

En días pasados se llevó a cabo un interesante ejercicio en favor de la democracia colimense, hoy permeada por la temporada electoral. Me refiero al encuentro que tuvieron universitarios de nuestra máxima casa de estudios (23 académicos y 202 estudiantes) con los candidatos a los diferentes puestos de elección popular de los diferentes partidos que compiten en estas elecciones, lo anterior a fin de plantearles (los primeros a los segundos) temas muy puntales sobre los comicios que finalmente cristalizarán este próximo 1 de julio.

Los temas fueron parte de lo que se denominó “Conservatorio Confiabilidad Electoral 2018” y cubrieron los siguientes rubros: elecciones confiables, organismos jurisdiccionales en materia electoral, legislación electoral, justicia electoral, medios de comunicación, candidaturas independientes, financiamiento de partidos políticos y derechos humanos, los cuales se realizaron a través de mesas de diálogo que propiciaran la reflexión de estudiantes y académicos, estos últimos fungiendo como facilitadores de este diálogo pero sin dejar de ser una parte inmanente del mismo.

Si bien cada eje temático profundizó (a través de preguntas fundamentales) sobre su sentido más positivo en términos sociales, lo que más llamó mi atención fue la idea de pensar y reflexionar sobre nuestro voto, pues finalmente es este acto el que determina una elección. Y me llamó poderosamente la atención por una razón fundamental: porque en nuestro país la corrupción y la impunidad, la pobreza y la misma violencia, han obligado a los partidos en el poder a usar todas las estrategias posibles para retener el poder, lo mismo que sus partidos adversarios se han visto obligados a echar mano de estas mismas estrategias (no se podría jugar con reglas distintas) para hacerse de ese poder, y es en esta lucha -en la que parece que todo se vale- en donde lo que conocemos como la “compra de voluntades” (léase voto, por supuesto) prevalece por encima de perfiles, propuestas y legalidad electoral.

Es, pues, una guerra sin cuartel, y como en todas las guerras las leyes se callan. Insistir, por tanto, en recuperar la civilidad política y la conciencia ciudadana son dos imperativos que le permitirán a los primeros devolverle a la política su calidad moral y a los segundos a pensar con mayor madurez en la trascendencia de participar en la vida democrática de su comunidad, y no sólo mediante el voto sino también mediante este tipo de ejercicios que tienen como base la reflexión seria sobre una de nuestras obligaciones civiles más importantes: la de elegir a sus representantes populares.

Celebro que la Universidad se haga notar (de manera positiva) en acontecimientos de la vida política colimense de tal resonancia, ahora sólo cabe esperar, como lo dijo el rector Hernández Nava, líder moral de este conversatorio, que los candidatos hagan suyas las inquietudes de los jóvenes, las asuman en su ejercicio del cargo popular que ostentarán y las devuelvan a la ciudadanía convertidas en buenas acciones y mejores obras, para devolverle así a la política su legitimidad y su razón de ser y al político su perdida credibilidad.

rguedea@hotmail.com
Rogelio Guedea
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