CICLISTA ATROPELLADA

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ESTACIÓN SUFRAGIO
Adalberto Carvajal

De que Gisela Méndez fue demasiado técnica y poco política –la explicación que dieron algunos colegas a su remoción como secretaria de Movilidad del Gobierno del Estado– habla la manera en que la hoy ex funcionaria, personalmente y a través de su hermana la periodista Bertha Reynoso, ha ventilado las circunstancias que la llevaron a renunciar al cargo, calificándolas de vergonzosas para el gobernador Ignacio Peralta.

Si por disciplina, en la administración pública mexicana nadie reniega cuando lo mandan a la banca, protestar por su salida del gabinete estatal demuestra que en el amplio currículo de Gisela no figura su paso por la escuela… de cuadros priistas.
Esa fue precisamente una de las razones por las cuales el gobernador Ignacio Peralta la llamó a la recién creada Semov: liberar al sector de los compromisos corporativo-partidistas que impiden su modernización.

Por pretender imponerles un modelo distinto de organización empresarial, Gisela chocó con un gremio que, más allá de su militancia simbólica en los sectores obrero o popular del PRI, representa un activo del partido oficial.
Un gremio que muestra el músculo cada tres años, cuando deben prestar sus unidades para la movilización de contingentes a los mítines con los que abren y cierran las campañas, y durante la jornada electoral cuando mueven a los militantes a fin de que el voto duro del tricolor llegue a las urnas.

EXAMEN DE MANEJO:

Las redes sociales están cargadas de anécdotas que le dan color a un cese que se da, evidentemente, como respuesta del Ejecutivo a las presiones de un grupo de transportistas, el más vinculado al Partido Revolucionario Institucional.
El jueves 5 de abril, un día antes de que se consumara el relevo en la Secretaría de Movilidad, asistió a las antiguas oficinas de Transporte el delegado de Gobernación para solicitar su licencia.
Seguramente esperaba que le expidieran una nueva sin mayor trámite, pero la titular de la Semov le pidió que presentara el examen teórico de manejo… y lo reprobó.
No lo culpo. Si es el mismo examen por escrito que yo leí hace unos dos años, cuando acompañé a la hija de un amigo a sacar su licencia, el cuestionario era absurdo.

Por ejemplo, te preguntan (o preguntaban, espero que Gisela Méndez haya cambiado las preguntas): ¿cómo se llama un tipo de vialidad ancha, con amplias banquetas a los lados y muy arbolada? A escoger entre tres opciones: avenida, boulevard o calzada.
(Más adelante te preguntaban por el boulevard, y la respuesta posible era que se trata de una vialidad de cuatro carriles divididos por un camellón arbolado).

Si eres de la ciudad de Colima, la respuesta es obvia por asociación con la Calzada Galván. Pero sólo para divertirme le expliqué al perito que en realidad una calzada debería ser una calle peatonal, que se recorre desgastando las suelas del calzado, y el referente histórico son las calzadas que unían el islote de Tenochtitlán con tierra firme en el lago de Texcoco, donde las vialidades eran peatonales pues no se usaban en el México precolombino la rueda ni las bestias de carga.
En realidad, en términos de vialidad, calzada es lo mismo un “camino empedrado y ancho” que se usa para “denominar sobre todo las grandes vías construidas por los romanos”, tales como la Vía Apia. O bien, “parte de la calle comprendida entre dos aceras, por donde circula el tráfico rodado”.

Subrayar el aspecto arbolado de una calzada en el examen de manejo en Colima, me remite a la creencia de que en el estado hay una y solo una calzada, como hay solo y solo un boulevard costero: el Miguel de la Madrid en Manzanillo.
(En ese sentido, por la descripción, la Calzada del Campesino que tiene árboles en el camellón debería ser un boulevard).
No creo que negarle la licencia de chofer al delegado de Gobernación haya sido la gota que derramó el vaso (qué vergüenza si el funcionario federal se quejó con el Gobernador de la actitud de su subordinada), pero la estampa revela la falta de tacto político de Gisela.

COSTOS ALTOS, CUOTAS BAJAS:

Otra anécdota: cuando el ex gobernador Fernando Moreno les pidió apoyo a los líderes camioneros para su campaña al Senado –donde hace fórmula con la alcaldesa de Manzanillo, Gabriela Benavides, quien va por el Verde–, éstos lo condicionaron a la salida de Gisela.
El priista con la candidatura de mayor rango en la oferta política, según me dicen hasta fecha les dio para que se cumpliera el acuerdo, pero los transportistas le dejaron en claro que el apoyo sería solo para él porque ya tienen compromisos con candidatos de otros partidos.

Que los concesionarios y permisionarios del servicio público ya no solo sirven al PRI, sino a cualquier partido que pueda pagar la movilización, y que incluso habían llegado a la desfachatez de cobrarle al PRI cuando antes prestaban gratis sus unidades (cuando mucho cobraban el combustible) como una aportación en especie a la campaña, a cambio de mantener sus privilegios seis años más, es parte del espíritu antipriista que llevó a Ignacio Peralta a proponerse modernizar el transporte.
Los costos políticos podían ser muy altos, pero también las cuotas políticas de las que habían estado gozando los camioneros y taxistas en pasados gobiernos, están sobrevaluadas. Así lo juzgó Gisela que indudablemente coincidía en ese momento con Nacho Peralta.

Reporteros y columnistas registramos las molestias de los transportistas al arranque de la administración de Peralta Sánchez, porque el Gobernador respaldaba a una funcionaria que no entendía las viejas reglas del juego.
No podemos ignorar las denuncias de los líderes respecto a que Gisela Méndez representaba los intereses de alguna empresa nacional o trasnacional de estrategia en movilidad, que no solo vende el modelo de transporte colectivo sino también surte las unidades (vehículos y aplicaciones tecnológicas como la de Chofer Pro) que este modelo supone.

Y tampoco obviar las amenazas y hasta violencia de género que Gisela Méndez dice haber sufrido por parte de furibundos transportistas de pasajeros, loteros de coches usados y flotilleros de todo tipo, molestos porque las medidas administrativas de la entonces secretaria de Movilidad se traducían en mayores costos para ellos.
Yo mismo validé en este espacio una queja de quienes tienen muchos años en el negocio: la modernización del transporte debe incluir a quienes ya participan del servicio. No puede ser un “quítate tú para entrarle yo”.

¿Y LA MODERNIZACIÓN?

El caso es que se fue Gisela sin completar su plan de modernizar el servicio. Es verdad que se entregaron nuevas concesiones de taxi, en una lógica distinta a la discrecionalidad de un Ejecutivo que firma servilletas. Y es verdad que se hizo el intento de introducir un nuevo tipo de unidades, menos contaminantes y más cómodas.
(Lo de impulsar el uso de la bicicleta era una iniciativa de corrección política más que de política pública, tratándose de una zona metropolitana con la densidad automotriz, la calidad de pavimentos, el clima y la radiación solar e incluso la topografía de Colima).

Pero tras la salida de Méndez prevalecen las aberraciones del sistema de transporte: entre ellas, que el subsidio (descuentos a estudiantes y otros sectores vulnerables) siga estando a cargo de los transportistas y no del Gobierno; y la más grave, una anomalía que la propia Gisela señaló en sus comentarios o a través de su hermana, que sigamos sin saber quiénes son los auténticos empresarios del transporte.

Los que aparecen en la fotografía, tomada en el momento en que se da la reconciliación de JIPS con el gremio –apunta Bertha Reynoso– tienen de a una a tres concesiones a su nombre. ¿Cómo es que representan a la mayoría?
La vox populi, por lo demás, no tiene ninguna duda que gran parte de las placas de taxi y de camión urbano las concentran, a través de prestanombres, personajes de la política. ¡Algunos de los cuales ya ni siquiera apoyan al PRI!

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna también se puede leer en el sitio www.carvajalberber.com y en sus redes sociales.

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