¿PURA COINCIDENCIA?

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VISLUMBRES

Abelardo Ahumada

El jueves 4 pasado, como se recordará, vino a Colima para entablar sus primeros contactos con las dirigencias estatales de los partidos que lo postularon, el pri-candidato José Antonio Meade Kuribreña, y al día siguiente, vino también Enrique Peña Nieto, para inaugurar, ahora sí en serio, el varios meses pospuesto Hospital Materno-Infantil, ubicado al poniente de Villa de Álvarez.

Sin minimizar ni desvalorar el dato de que dicho hospital es un aporte del sexenio peñanietista en bien de los colimenses, y sin dejar de agradecer que este hombre haya promovido (como sea) la edificación de dicho nosocomio, uno no pudo, sin embargo, dado el ambiente politizado en que nos estamos desenvolviendo, dejar de percibir, por una parte, el miedo que quienes lo cuidan tienen de que alguien quiera “darle aire” y, de detectar, por otra, algo así como una segunda intención en su venida.

Lo primero porque hubo, desde muy temprano, en torno al hospital que se inauguraría, un gigantesco cerco de seguridad conformado por cientos de elementos procedentes del Estado Mayor Presidencial, el Ejército, la Armada y la Policía Estatal al menos. Y, segundo, porque la gira inaugural de EPN ocurrió sólo un día después de la visita que su pri-candidato hizo también a estas tierras.

Ignoro si habrá otras visitas de EPN y del “ciudadano Meade” a otros estados jugando como quien dice “a las seguidillas”. Pero si así sucediera entenderíamos que el actual presidente “va con todo” para apoyar al alfil que él mismo designó. Ida que se vería muy mal en un ambiente ya de por sí muy lleno de “sospechosismo”. Porque como lo dijo cierto compañero periodista: “¡Qué casualidad que hoy viene José Antonio Meade a Colima y mañana vendrá también Peña Nieto!”  – “¿Casualidad? ¡No! En política no hay casualidad, sino causalidad” dijo otro colega. Dos cosas muy diferentes.

UNA CLASE DE QUÍMICA y POLÍTICA. –

Un viejo maestro de química, no hallaba un día (estando nosotros en la secundaria) cómo explicar el término “decantación” a unos compañeros que no le entendíamos. Hasta que una muchacha muy brillante levantó la mano y sugirió: “Mire, profesor, si me permite yo se lo explico a estos mensos”. Y habiéndole dicho que sí el maestro, la muchacha tomó la palabra y se dirigió a uno de nosotros: “¿Te ha puesto tu mamá a lavar frijoles?” – Sí -contestó el colega. – ¿Y cómo le haces para tirar el agua sucia sin que se te tiren los frijoles?” – Ah, pues ladeo la cazuela con mucho cuidado y voy haciendo que el agua se tire poco a poco, hasta que quedan los puros frijoles ya limpios. – Pues eso es decantar. Para que lo entiendas – concluyó la muchacha… Y tan sencillo y ejemplar mensaje -debo suponer-se quedó para siempre grabado en los cerebros todos los que no habíamos entendido la explicación metódica del maestro.

Pero curiosa y coincidentemente, el Diccionario de la Real Academia Española trae otras dos acepciones (o significados) del verbo decantar.  Y la primera dice: “Desviarse (o) apartarse de la línea por donde se va (o se iba)”. Mientras que la segunda dice a su vez: “Inclinarse, tomar partido, decidirse”. Por lo que ahora yo le pregunto a usted, lector: “¿Ya limpió sus frijolitos? ¿Ya está decantando sus candidatos?” Aunque por otro rumbo me queda muy claro que hay varios de ellos, por ahí, de nombres muy bien conocidos, que han hecho sus propias decantaciones, apartándose de las líneas que solían seguir, con tal de convertirse una vez más en candidatos (y candidatas) ¡a lo que sea! Con tal de seguir viviendo colgados “de la ubre del presupuesto”.

NOTICIAS QUE VIENEN DEL “APLAUSÓMETRO”. –

Hace muchísimos años hubo un ocurrente señor, llamado don Hermenegildo L. Torres, que, no habiendo entonces ni INE, ni IFE, ni nada por el estilo, se le ocurrió crear un partido al que nunca pudo registrar en Gobernación, que se acabó (de todos modos) llamando el PUP. Y cuyas siglas desglosaba con singular humor diciendo: “Partido Único (o Unificado) de Pendejos”. En el que obviamente y con mucho orgullo él se inscribió como fundador, y se puso a redactar, como quien dice, sus “documentos básicos”. Entre los que logró fraguar una tabla descriptiva en la que incluyó tantos pendejos como pudo hallar, con sus características y “cualidades” explícitas. De las que se derivó después un simpatiquísimo “Pendejómetro”, para que tanto quienes eran sus partidarios, como los que no, detectaran incluso a los que creían no ser dignos de ser militantes de tal partido.

Después de aquel “Pendejómetro”, unos payasos de circo comenzaron a dar una gira por todos los pueblitos de México, en donde cada tarde y noche, hacían unas pantomimas en las que dos segmentos del público tendrían que aplaudir más (o menos), según les fuera gustando (o no) cada payasada, y nació así, también, el “Aplausómetro”, que más tarde se generalizó, adoptando incluso nuevas formas. Como las de las encuestas de opinión que se han vuelto a poner de moda.

Dicho aplausómetro se detecta hoy, camuflajeado, en un montonal de textos, fotos y memes que cotidianamente se publican y difunden por la internet, no sólo en cuanto a los protagonistas de la farándula (carpas, cine, radio, tv, etc.), sino también, cada tres o seis años, respecto a los políticos querendones. Pero nunca había tenido este viejo redactor cabal cuenta que tanto el aplausómetro como el pendejómetro se están usando hoy, todos los días, incluso sin los usuarios saberlo, por millones de internautas que, crueles, “no dejan títere con cabeza”. Y en este sentido ¿ya vio usted, por ejemplo, una caricatura en la que aparece el ciudadano Meade con una nariz mecánica que se parece al extremo de una manguera con la que se sirve la gasolina, y en la que él mismo “se decanta” con que no es el autor del gasolinazo? Genial la caricatura ésa, e igual la tizna que les comenzaron a poner a todos los que, haciendo, desde luego, uso de su libertad política, como JIPS, se tomaron una o más “selfies” con el ciudadano Meade. Pobres. Si viviera don Hermenegildo Torres se moriría de la risa por ver hasta donde ha llegado el medidor que inventó.

DE VACACIONES. –

Dicen las voces críticas que JIPS cometió un grave desacato constitucional por el hecho de que siendo un día laboral el 4 de enero, él, como gobernador, olvidándose de que lo es para todos y no nada más para los del PRI, se levantó, desayunó y se fue directo al aeropuerto de Buenavista, para recibir al precandidato Meade, acompañarlo en su gira por diversos lugares de Colima y hacer, por ende, política partidista.

Pero otras voces dicen igual que Nacho ni se inmutó con las críticas, porque, según él, ese día ¡todavía estaba en vacaciones! Y que, por lo mismo, no incurrió en desacato ni en irregularidad alguna.

Pero ¿cuándo anunció el muchacho que iba a salir de vacaciones y de qué día a cuál otro iba a durar?

La pregunta surge muy válida porque resultó que justo al día siguiente, JIPS tuvo también que acompañar a EPN en su breve gira por la entidad, y uno entendió que ese día, con inauguraciones y todo, si debió ser un día de trabajo. ¿O no?

La posibilidad de que ese par de días Nacho haya tenido que suspender su descanso vacacional parece, sin embargo, haber sido compensada con el hecho de que como quien dice, ese mismo viernes 5, pidió un “raite” (y se lo dieron) en el avión presidencial, para irse a pasar el fin de semana a la capital del país, después de “estarle dando duro al oficio” de gobernador.

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