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AHUMADA

Colimenses en peligro

Vislumbres

Abelardo Ahumada
Gigantesca evacuación.-

Muy al margen de que los agentes del Servicio de Inmigración de los Estados Unidos han intensificado su actividad para atrapar “mojados” y devolverlos a México, el fin de semana anterior sucedió que varios miles de paisanos que viven en las poblaciones situadas al norte de California fueron obligados a evacuar sus casas y pertenencias; pero no por “La Migra”, sino por las autoridades estatales y el sheriff del Condado de Butte, quienes tomaron tal decisión debido a que, como consecuencia de las intensas lluvias y nevadas ocurridas durante las últimas dos semanas, en las sierras situadas al norte del California, E. U., la presa de Oroville, la más alta de aquel país, se llenó prácticamente hasta el tope y comenzó a desbordarse arrojando alrededor de tres mil metros cúbicos de agua por segundo.

La orden de evacuación alcanzó a casi doscientas mil personas que viven en Oroville, Biggs, Gridley, Palermo, Termalito y otras numerosas poblaciones aledañas, en las que, como dije arriba, radican y trabajan muchos colimotes.
Yo he tenido dos veces la oportunidad de visitar Oroville y sus alrededores durante varios días, y de haber caminado por encima de la cortina de la presa, sobre la que pasa una carretera de cuatro carriles y hay todavía amplísimos andadores por ambos lados.

Y he visto, también, caer un poco de agua por el vertedero principal, pero las imágenes que he estado viendo a través del internet son verdaderamente impresionantes. Y mis parientes y amigos que viven allá, dicen que padecieron varias horas de angustia cuando, tras haber abordado sus respectivos vehículos con unos cuantos cambios de ropa, abrigos, cobijas y algo para comer, se fueron a las carreteras y se las encontraron atestadas por tantísima gente que huía también para salvar sus vidas, mientras que a lo lejos, o en sus tablets o en las pantallitas de sus teléfonos veían la presa a punto de colapsar.

Lo peor, sin embargo, no ha pasado aún porque se esperan más lluvias para los próximos días, y porque no tarda mucho en calentar lo suficiente el sol como para que se comience a derretir la nieve situada en las cimas más altas de la sierra. Y por lo pronto la orden de no regresar a sus casas se mantiene en toda esa área, donde, por supuesto, se han detenido todas las actividades y las calles de los pueblos y ciudades aparecen totalmente desiertas. Como lo muestran las fotos y los videos que han sido tomados por drones y helicópteros de los medios informativos.
“¿Gavilán o paloma?”

Algunos ya lo llaman “cínico, desvergonzado”, mientras que otros, en cambio, lo califican de “valiente”. El caso es que, como quizás ya todos los lectores lo saben, Mario Anguiano Moreno, ex gobernador de Colima acusado de malversación y desvío de fondos, reapareció la noche del viernes 10, haciendo algo de lo que más le gusta: montando en su penco en la cabalgata inaugural de los Festejos Charro-taurinos del Villa de Álvarez.

Su presencia, según lo pudimos observar en algunos videos tomados por telefonitos que luego se “subieron” a las redes, dejó atónitos a varios, y causó curiosidad en muchos espectadores entre los que alternativamente se experimentó, coraje, alegría y aún cierta admiración. Siendo por demás notorio que “el hombre de Tinajas” tiene más simpatizantes que críticos y que, obvio, gozó con las muchas muestras que de ese sentimiento tuvo. Pero más allá del hecho de que a Mario le encanten las cabalgatas, es un hecho, también, que está pendiente sobre su cabeza un juicio político. Y entonces muchos paisanos se han preguntado ¿por qué se decidió a participar y a exhibirse en público estando en dicha situación?

El cerebro, obviamente, funciona más rápido que los dedos que pulsan las teclas de una computadora, y bueno, es claro que cuando unos lo llamaron cínico y otros lo volvieron a aplaudir, cada cual estaba emitiendo, a su modo, un juicio moral. ¿Fue gavilán o paloma? ¿Será exonerado por el pueblo, o declarado culpable por las autoridades? Saque usted, lector, sus propias conclusiones.

Tradiciones cambiantes.-

A propósito de los festejos que acabo de mencionar, es de notar también que aun cuando haya muchos villalvarenses que añoran las fiestas como eran antes, éstas ya nunca serán iguales, no sólo porque nunca se puede invertir la marcha del tiempo, sino porque los cambios que éste va trayendo en su devenir son irrefrenables. Sin ir muy lejos, hace algunos días Manuel Hernández Luna, director del Ballet Folclórico de Villa de Álvarez (y el más antiguo y persistente de cuantos existen en todo el estado hasta la fecha), comentaba en un evento público: “¿En donde están las muchachas vestidas como ‘manolas’ o son sus trajes de ‘chinas poblanas’?” E igual dije yo cuando lo oí: “Y ¿en dónde están los vaqueros, los caporales y los charros colimotes que participaban en esas cabalgatas”.

Las ‘manolas” eran muchachas vestidas a la usanza española que iban a los cosos taurinos a participar en las aquí llamadas “corridas formales”, y se ataviaban con amplios y coloridos vestidos llenos de holanes, llevando sobre sus trenzas mantas sevillanas y grandes peinetas. Mientras que las “chinas poblanas” eran muchachas que en Villa de Álvarez se vestían con blusas blancas, floreadas, generalmente adornadas a mano, y anchas faldas lentejueleadas, por considerar que de algún modo portaban, a falta de uno local, “el traje nacional”. Pero todo eso fue una moda, como moda es hoy que vayan portando pantalones “untados” de mezclilla y blusas de manga larga muy parecidas a las camisas de los varones.

E igual pasó con lo de los vaqueros y caporales que prácticamente ya casi no existen en todo Colima, pues en su lugar van puros jóvenes que de ranchos y de ganado no saben nada, aunque gasten decenas de miles de pesos al año para mantener preciosos caballos que tampoco sirven para gran cosa, salvo para, precisamente, ir a ser presumidos en las cabalgatas. Vestidos casi todos ellos a la usanza norteña o tejana, olvidándose de las vestimentas “típicas o tradicionales”, como los calzones de manta, el ceñidor colorado, los sombreros de “de cuatro pedradas”colimotes y hasta del traje de charro; y llevando, en vez de las otrora muy visibles pistolas al cinto, sus modernos teléfonos celulares.
El primer año.-

Generalmente se ha visto que el primer año de un gobernador es un año de aprendizaje, pero también suficiente para “dar color”, o para “enseñar el cobre”.

Entre los mandatarios que “dan color” ese primer año es un ciclo que sirve para acrecentar el poder, para afianzarse y para decir a los gobernados que no se equivocaron al elegir, puesto que hay obras, hay logros que así lo demuestran. Pero entre los que no son capaces, ese primer año sólo sirve para probarle a la gente que “les quedó grande el saco” y que, por lo contrario, fueron, tal vez, buenos candidatos, pero no sirven para gobernar, y a la hora de la hora lo más y mejor que pueden hacer es ir “nadando de muertito”, para mantenerse a flote el mayor tiempo que les sea posible hacerlo.
Aquí, en Colima, el sábado 11 de febrero se cumplió ese primer año para el gobernador José Ignacio Peralta Sánchez, y ¿qué pudo decir él y que dijo la demás gente al respecto?

Lo más que pudo decir él es que se ha logrado cierta estabilidad económica en el manejo de las finanzas públicas, que se han tenido ‘significativos’ logros en salud y educación y que, aun cuando se han dado avances también en materia de seguridad, lo cierto es que falta mucho por hacer.

En las voces críticas, sin embargo, lo que se afirma es que dicha relativa estabilidad económica es lo menos que se podría esperar de él, puesto que se presume ser economista con grado de maestría. Pero que, por otra parte, esa estabilidad es magra y no se nota en los bolsillos de la gente porque no se ha promovido ninguna obra pública de consideración y porque las pocas que había son de carácter federal y van más que lentas, como las del túnel ferroviario de Manzanillo, que ya se abrió pero que todavía no se acaba de acondicionar.

En cuanto a los logros “significativos” en educación, el gobierno no puede jactarse de los primeros lugares que obtengan los maestros de su estado, ni de los dieces que obtengan sus alumnos, porque esos son los resultados de individuos ajenos al poder que tratan de cumplir con su obligación año con año, independientemente de quién esté gobernando o no. Por otra parte, si tan significativos fueran los logros alcanzados en materia de salud ¿por qué renunció el titular de esa secretaría exactamente al cumplirse el primer año de su período? Las señales no son buenas, y los hechos dicen más que las palabras.

Y aunque me queda muy claro que los delitos contra la seguridad (sobre todo los asesinatos, los robos y los secuestros) no necesariamente los comete el gobierno, sino una parte corrupta de la población, también es claro que las autoridades legalmente constituidas tienen la responsabilidad de limitar, si no impedir, la comisión de esos delitos, y de castigar a los delincuentes. Mismos que, como se ha podido ver este primer año de sexenio, superaron al gobierno en todas sus instancias, ubicando a nuestra entidad en lo más alto del “top ten” de los crímenes sangrientos. ¿Ineficiencia, incapacidad o franca impotencia? No sé, pero de todo parece un poco.

Supresión de cultos.-

Un amigo con una larga carrera en el poder judicial, me llamó este martes para comentar algo que para muchas personas pudiera ser insignificante, pero que para otras podría representar un escándalo de carácter religioso.
La información (limitada, sin mayores datos) va en el sentido de que el jueves de la semana pasada, en Tepames, se metieron al templo de San Miguel, unos individuos, tal vez borrachos, quizá drogados, pero “dañeros”, con la aparente intención de robar algo de valor. Y al no hallarlo, descubrieron unas botellas de vino de consagrar, se las bebieron y, aparte, mordisquearon y pisotearon las ostias, algunas al parecer ya consagradas.

No sé sabe, con certeza, qué más pasó allí, pero de lo que sí se enteró mi amigo, es que desde el viernes, y al parecer cuando menos hasta el domingo, se aplicó en dicho templo la suspensión del culto, dejando sin “misa de cuerpo presente” a unos deudos que padecieron la muerte de un familiar, y sin misas dominicales a todos los que allá viven y siguen asistiendo a esos rituales.
Imagino que el señor cura de Tepames no tomó solo esa decisión, y que, si lo hizo fue con el consentimiento del señor obispo. Pero esto no nada más por el sacrilegio ahí cometido, sino por la suma de otros que con relativa frecuencia se han venido suscitando en los templos católicos, porque de plano hay gente que no respeta nada.

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