Diablo predicando

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Javier Montes

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Javier Montes Camarena

El último grado de la perversidad es hacer servir las leyes para la injusticia
Voltaire.
04 – Septiembre – 2014
Déjenme decirles que la reunión por el < Acuerdo para la Seguridad y Justicia en el Estado > celebrada el pasado martes 2 de este mes patrio en el puerto de Manzanillo y presidida por el secretario de Fomento Económico del gobierno estatal Rafael Gutiérrez Villalobos despidió un fuerte olor a azufre.

Aspiración, no realidad, sigue siendo la seguridad y la justicia en Colima. Por donde se le mire, el deseo naufraga en la mar de la contradicción. Sea en la tarea de aplicar, o cumplir con ambas encomiendas, hoy el vicio doblega a la virtud y, tal dominio arrastra a la seguridad y la justicia al pantano de la incertidumbre. Y el fango no es piso firme.
Al Gobernador Anguiano Moreno no le gusta tal afirmación, pero la Constitución se mantiene como el catálogo de los anhelos y la ley como articulado de las frustraciones.

Las condiciones y la atmósfera política en nuestro estado ya no son las del inicio de un sexenio. Son mucho más complejas. Este gobierno empezó con crímenes hacia su interior teniendo a varios de sus funcionarios de primer nivel como actores principales de ellos.
La manifiesta incapacidad del Ejecutivo estatal Mario Anguiano Moreno, frente al crimen y la inseguridad se concibe como un problema de discapacidad y en esa lógica de los remedios caseros el mandatario colimense envía al funcionario más percudido y bajo sospecha criminal a presidir una reunión de acuerdos para la seguridad y la justicia, o sea, mandó al diablo a predicar y si no pregúntenle a la familia del ejecutado ex Gobernador Silverio Cavazos Ceballos, ellos podrán dar las mejores referencias del secretario de Fomento Económico.

Como quien rinde el pronóstico del tiempo Don Rafa aprendió a soltar rollos y les dijo a los muy pocos empresarios porteños que asistieron que: Los colimenses quieren seguir transitando con tranquilidad por las calles a cualquier hora. En ese mismo momento se leía en la prensa una desafortunada carta de un empresario gasolinero quien hacia alarde del Síndrome de Estocolmo al < reconocer > la magnífica seguridad que le brindó el Gobierno del Estado pero, que por lo pronto, abandona a Colima por un detrimento de $ 30 millones de pesos en su fortuna por un secuestro sufrido. Todos felices, el empresario terminó “enamorado de sus captores” del gobierno. Habrase visto.

El gobierno de Colima camina solo por una línea muy delgada donde, como añadido, se rodea de algunos empresario locales con muy mala fama pública para dizque restablecer la seguridad pública y atemperar el descontento social, los invita y algunos de ellos llegaron con guaruras portando ametralladoras USI para su seguridad en un evento público, situación que nos deja la lectura política que el mandatario nunca ha advertido el cambio de atmósfera y las condiciones criminales que rodean al estado que dice gobernar.

< Acuerdo para la seguridad y la justicia > es el mensaje del Mefistófeles que envió la autoridad estatal pero, si a esta acción no se le acodera otra, cuyo mensaje sería: Tampoco se tolerará la negligencia y la corrupción política, la perorata del diablo predicando para restablecer la seguridad y la justicia en Colima sería sólo una reunión de pares.
Si bien es innegable que el crimen organizado sentó reales en la pasada administración cavacista, en la actual acusó carta de naturalización, tal posibilidad encontró, sin duda, campo fértil en la negligencia de los dos últimos Gobernadores de la entidad que al desamparar a la población y rendir la plaza, cavó ya una sepultura dejando pendiente otra.

Impresiona el afán del gobierno estatal por establecer unanimidades con empresarios porteños para hacer < acuerdos > al cuarto para las doce, tratando de establecer una modalidad de “cómplices” del desorden, quizá por eso Gobierno y empresarios no tienen una postura firme frente a la violencia y el crimen, ambos, se muerden la lengua al hablar del tema, en la medida que toleran la negligencia y la corrupción en sus filas o en las de enfrente.

Gobierno y empresarios en su conjunto, entienden la política y a la ciudadanía como un instrumento de encumbramiento y enriquecimiento. Practican con la mano en el bolsillo un delito peor que el criminal, porque lo realizan supuestos funcionarios públicos bajo sospecha o empresarios de muy mala calaña, desde una posición de privilegio.

Desde esta perspectiva y con cierta dosis de dramatismo, son más honestos los criminales que el diablo predicando y algunos de sus socios del empresariado.
¡Vaya reunión de hampones donde por cierto estaba Chilo!
Ahí se ven.
Nos leeremos el próximo martes en la red.

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